UN ÁRBOL ES UN ÁRBOL

"Un árbol es un árbol" es el título de la autobiografía del magnífico cineasta americano King Vidor (1894-1988). Esta obra, considerada por muchos estudiosos del cine como uno de los mejores tratados cinematográficos de la historia, nos habla de una época con una efervescencia creativa hollywoodiense irrepetible. Pero también de un ambiente tremendamente viciado y lleno de contradicciones que a la postre acabó haciendo desertar de la industria a este irrepetible autor, cuya última película, "industrial", la rodó en los Montes de Valdespartera (Zaragoza) "Salomón y la Reina de Saba"(1959).Esta exposición no es una hagiografía de King Vidor, ni tampoco un homenaje a su trayectoria cinematográfica e influencia artística. Podríamos decir que se trata más de una reivindicación de una parte de la esencia de su arte de los primeros y últimos años de su carrera (1925-1935) para poder acercarnos a su particular visión sobre la realidad del legado de la guerra, el desarrollismo, las consecuencias de la crisis económica y la reivindicación de la naturaleza.Vidor en los años 20 y sobre todo en los 30 se posicionó en la parte del inconformismo estético y formal desde el cual retrató el conformismo alienante que tanto el desarrollismo económico como la Gran Depresión habían generado. El joven director cabalgó a través de su privilegiada atalaya de observador y de dominador de una herramienta mediática cada vez más poderosa como era el cine, desde donde no dudó en zambullirse en una dura y paradójica realidad social que no dejaba de reportarle innumerables fuentes creativas, y que partían siempre de lo que él denominaba "hombre medio en la multitud". Todo ello en un momento en el que la multipolarización y los nuevos grandes "ismos" del arte, la cultura, la ciencia, la economía y la política aparecían en la misma medida como síntomas de pluralidad, como de peligroso sectarismo. A este cineasta le interesaba la tragedia del individuo en sociedad y en un entorno natural que cada vez comprende y escucha menos, pero al que necesita recurrir, porque es el que en última instancia le presenta mínimas garantías de supervivencia, de protección y de dignidad.Los reveladores y brillantes destellos de la obra y pensamiento de King Vidor son los que nos hacen reaccionar y los que nos inquieren a retrotraernos a la raíz y la esencia de la naturaleza humana social y medioambiental, y también a nuestro compromiso personal con el arte. Vidor nos presenta unos cimientos muy sólidos para que otros sigamos modestamente investigando y explorando, y esta es la idea a la que buscamos arrimarnos con nuestras obras y nuestras piezas de video con este proyecto, sin separarnos mucho de Vidor, porque lo vio y lo hizo transcender como nadie; pero también buscando un nuevo hueco y espacio de emancipación artística al que la actual realidad social, económica, ecológica, política, laboral, ética y moral nos empuja, aunque la historia de 1930 desgraciadamente se repita y ya fue magníficamente contada.

GUERRA

"Mi protagonista, tal y como yo lo veía, no era ni un patriota exagerado ni un pacifista activo, sencillamente se unía al desfile, hacía lo que todo el mundo hacía y mantenía los ojos bien abiertos". Esta es la esencia del personaje principal de la película "The big parade" (El Gran Desfile) desde el que Vidor, con el terrible recuerdo de la I Guerra Mundial, trata de hurgar en una razón para la que no encuentra una explicación posible. La pregunta que se lanza es, por qué este prototipo de hombre medio, que no ostenta la posibilidad ni de crear ni de modificar las situaciones en las que se encuentra, y que no es ni un patriotero ni un pacifista, se ve sometido a una situación límite que le conlleva un importante quiebro emocional."Todo lo que ocurrió fue demasiado fantástico e irreal. Son cosas que no sucedieron", pero efectivamente sí ocurrieron, aquellos horrores habían sido verdad. Esta retahíla, de la que también es víctima el propio director por su vivencia de la I Guerra Mundial, transciende la retórica del soldado egresado de la guerra, y pasa a formar parte de un discurso con una repercusión mucho mayor a la de esta particular circunstancia, basado en la reflexión sobre la alienante pérdida de individualidad de las personas. La granja donde se encuentra el hogar de la novia francesa del soldado, Melisande, y el amor que siente por ella, se convierten en su quimera, pero la fila del ejército donde presta sus guerreros servicios se había convertido en su sitio natural.

TRIGO

"A mucha gente joven le resulta difícil comprender que los primeros años treinta constituyeron un período de crisis grave en Estados Unidos, de depresión y desempleo generalizados. Las manifestaciones de los hambrientos y las historias sobre el chabolismo en la era hooverista ocupaban muchas páginas de la prensa, mientras los granjeros y sus vecinos se oponían a la venta de las tierras embargadas por impago de impuestos. Me preguntaba cómo podía reflejar en un filme la tragedia y el descontento nacionales"/./".Comencé a recortar cada artículo de los periódicos locales que tuvieran que ver con el tema. Más tarde, leí un pequeño texto en el Readers's Digest escrito por un profesor, en el que proponía la organización de cooperativas como solución al problema del desempleo. El profesor que enseñaba economía en una zona deprimida trazaba un plan para el intercambio de trabajo y el trueque de los productos del campo y de la artesanía. Hablaba de la posibilidad de crear una granja sobre una base cooperativa. Ahí estaba el núcleo de mi historia. John y Mary, como había llamado a los dos protagonistas de. "Y el mundo marcha", desempleados y sufriendo desesperadas estrecheces en la ciudad, heredarían una granja arruinada y en bancarrota. Irían a visitar las desoladas tierras y se refugiarían en su destartalada casa. Así nació "Our daily bread" (El pan nuestro de cada día)". King Vidor.Nos encontramos en pleno proceso de desactivación de la sociedad americana donde las consecuencias del crack del 29 eran todavía impredecibles y la situación socio-económica resultaba cada vez más apocalíptica. Ante la ruina y degradación por el paro y la miseria en la ciudad, los nuevos personajes de "El pan nuestro de cada día" deciden emigrar al campo con el objeto de rehabilitar una vieja granja y formar una cooperativa de trueque para productos y servicios. El choque ciudad-campo para estos nuevos habitantes importados resulta traumático, pero encuentran en esta situación y en la dura lucha con la naturaleza, una recuperación de su dignidad y su identidad, aunque no siempre lo consiguen. El punctum fundamental de la película lo conforma la plantación de un campo de maíz sobre el que todos los cooperativistas se afanan en poder llevar el agua de riego ante la falta de lluvia. Esto supone una de las metáforas principales de la película, relacionada con la connivencia con la naturaleza y la búsqueda de la identidad en ella, dotando al propio medio de una capacidad de respuesta sobre la que él mismo es dueño y regula a voluntad. Todo hasta el punto de convertirse el propio ámbito natural en un personaje más que somete al resto de actores a una serie de parámetros y de reglas de juego, que en muchas ocasiones ellos no están dispuestos a aceptar.

ACERO

"The crowd" (Y el mundo marcha). La película se acerca al tono documental y narra la historia de John Sims (el trabajador 137), que muy joven emigra del campo a la gran ciudad. El personaje de John espera tener una oportunidad de triunfo que nunca llega, y que forma parte de una idea que se auto-repite continuamente como un corrosivo mantra hasta la desesperación. La vida que lleva no le pertenece porque él es consciente que las circunstancias de su trayectoria vital no le pertenecen ni las decide; hasta que por fin entiende y atisba que su ansiada felicidad y plenitud personal se encuentra en unos parámetros a los que desde muy niño había renunciado, que le cuesta aceptar porque siempre los repudió, pero que suponen su único anclaje de salvación. Se trata de una crónica del hombre medio y del hombre mediocre, cuyos insignificantes avatares en la multitud en la que sobrevive (the crowd) se convierten en una cadena de situaciones aparentemente insignificantes. Pero estos elementos adquieren una fuerza narrativa e innovadora, muy poco explorada en el "cine social y de autor" realizado hasta ese momento, mucho más centrado en los grandes bloques del bien y el mal, los explotadores y los explotados, o el malvado progreso científico frente a la desnaturalización del ser humano.El personaje de John fue interpretado por el magnífico actor americano James Murray, y ésta se convirtió en su primera y última película como actor principal. Su triste y amarga vida, así como su pronto fallecimiento, se convirtieron en el luctuoso final que esta película podía haber tenido, de no haber optado los guionistas por un "final feliz". A James Murray, Vidor nunca lo olvidó y la relación profesional y de amistad que mantuvieron se convirtió en un contrapunto personal, creativo y ético que jamás abandonó.

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